LA GRANDEZA DE LO SIMPLE | A 20 AÑOS DE «PARACHUTES», DE COLDPLAY

Por Gonzalo Lara

Un grupo de amigos. Un grupo de hermanos. Una familia. Si nos ponemos a enumerar cuántas veces hemos soñado con tener nuestra banda con nuestros amigos, quizás este relato no tendría cabida. OK, volvamos a lo nuestro. Lograr hacer el famoso «primer disco», hace 20 años, bueno… veámoslo en detalle.

Goldfish, Starfish, Cold Play: Coldplay. Will Champion, Jonny Buckland, Guy Berryman y Chris Martin. Todas, distintas personalidades que, en la elaboración de un proyecto, pueden ser un disparo de 100 puntos, o puede ser un disparo en la cabeza. El cuarteto compartió sus primeros días como banda en un barrio universitario de Londres. No había aquello de Spotify, o en ese entonces Napster, menos saber de YouTube, solo referencias de cassette y disco compacto.

Más allá de que sigamos escribiendo palabras bonitas, no podemos obviar que Coldplay empezó desde abajo, como muchos. Covers, refritos y canciones escritas en cuadernos roñosos para salir del embrollo y tener dónde anotar ideas. «Safety», EP de 1998 dio inicio a los conciertos en bares y otros lugares pequeños. Pero, claro, hasta The Beatles comenzó en el Cavern Club. Este EP, si bien no consiguió el salto definitivo, fue aquel que dio pie a que Phil Harvey, amigo de la banda y futuro mánager de Coldplay comenzara a distrubuir copias de este EP a las distintas compañías discográficas. ¿El paso siguiente? Veremos.

Coldplay, ya con algo de fama entre los universitarios londinenses, liberó meses después su EP «Brothers & Sisters», que impulsó a que, tras finalizar el año universitario, la banda firmara su contrato con Parlophone. Compañía que, entre muchos nombres tuvo a, quién si no, ¡The Beatles!. Ya con ello, para el otoño europeo, el cuarteto tenía un camino con algo menos de ripio. Mucha historia. Mucho show. Son 20 años, ¿recuerdan? La elaboración de este famoso primer disco siempre es difícil. Estamos cerca.

Para fines de 1999 el reconocimiento era tal, que Parachutes, terminó siendo una realidad. ¿El nombre? ¿La motivación? ¿Dedicación? Allá vamos…

El EP «The Blue Room» ya contenía un par de guiños que serían caras visibles en el primer álbum de la banda: Parachutes. Al ver su portada, vemos un globo terráqueo con una luz cálida en su centro. Luz protagonista de un mundo que gira y avanza. Luz que ilumina y guía. Montamos el disco y lo primero que oímos son dos guitarras. Acústica y eléctrica, parte de una especie de danza de notas, añadiendo al sutil bajo de Guy Berryman y unas percusiones caminantes de Will Champion. «Vivimos en un mundo hermoso», dicta el primer coro de la banda. Es estar entrando a un multiverso de 40 minutos, y aquí vamos, totalmente dispuestos.

 

Lo que ha llevado a Coldplay a ser una banda de renombre, es que el público, fanático o no, siente que sus letras y sus composiciones son cercanas, a la cabeza y al corazón. Sabemos qué queremos decir, pero no sabemos cómo, y con Shiver vemos clara una de las tantas aristas que como seres vivientes enfrentamos en nuestra vida. El amor y el desamor. El rechazo ante un amor no correspondido. La melancolía de las notas de Buckland y Berryman provocan sentirse cómodo, como estar sentado al lado de la estufa mientras vemos la lluvia caer. Repetimos: nos sentimos en casa, porque vemos y oímos que alguien más siente lo que nosotros sentimos y vivimos.

Pasamos al miedo, al temor y a cuestionar nuestras preocupaciones: Spies nos invita a convivir con eso. Las complicaciones y todo aquello que nos hace decir un «pero» que nos aportilla a no llegar más lejos, gracias a que nosotros mismos no somos capaces de lograr paz, y claro, centrar nuestras ideas. A fin de cuentas, estos «espías» que Martin nos relata son solo eso, espías, y no nos pueden tocar. Introspección total. Champion, en las percusiones, se luce.

Poder lograr algo con ese amor perfecto, es algo que mucha gente desea. Poder realizarlo y vivir una alegría constante es difícil. Sabemos que nada es para siempre, y Sparks cuenta esa historia de alegría y optimismo que se esfumó, pero que aún recordamos con algo de cariño. Llorar, dejar atrás y recordar que todo tiempo pasado fue bonito, pero es tiempo de avanzar. Las acústicas y la percusión tenue hacen que nos sigamos sintiendo en casa. A fin de cuenta, Coldplay y sus integrantes fueron y son uno más de nosotros. Simpleza.

Las estrellas. Las innumerables e infinitas estrellas. Las que siempre se dedican a ese «alguien». Mira cómo esas estrellas te iluminan, y claro, te iluminan a ti. Dueña y dueño de tu destino. Dijimos que la portada, con esa luz cálida, con un globo terráqueo andante, ilumina a ese mundo que muestra, ese mundo que es nuestro. Lo dejamos todo por alguien más, lo dejamos todo por nosotros. «Yellow» entrega infinitas interpretaciones, tomémosla como mejor nos parezca. El éxito mundial de esta canción así lo dicta.

Eso sí, nunca quisimos causarte problemas en tu cabeza y, menos, cuestionarte. Nunca quisimos decirte cómo pensar y nunca pensamos meternos en tu mente, pero lo hicimos. Algo así, los británicos, elucubraron un plan para entrar en nuestras cabezas y extraer todos los sentimientos y pensamientos adolescentes -y adultos, por qué no- que podemos vivir. Continuar el camino y convivir con ello. Trouble, con ese piano duro lo hace denotar.

Parachutes, como interludio a High Speed, aporta ese nombre al álbum, a ese primer álbum mientras, sin darnos cuenta, entramos a una especie de bucle sin control. Quizás es nuestra vida. Quizás somos nosotros mismos intentando conducir una nave incontrolable. Es el tiempo, también incontrolable. ¿Quién es capaz de manejar esta situación sino nosotros? Nadie. Es claro.

Para cerrar estas palabras, podemos centrarnos en que, por mucho que pasen 20 años, seguimos siendo los mismos soñadores y exploradores de nuestro propio destino. Que nada cambia si nosotros no lo deseamos y no luchamos por ello. Que nada está perdido hasta que lo dejamos todo. Que todo es posible si así lo queremos. Que la vida es para vivirla. Que es simple escribir por escribir, pero, ¿sin sentirlo? No hay significado, no hay motivación. No hay relevancia en nuestra existencia, seremos pasantes en esta vida. Seamos nosotros. Seamos.